Nuestro Testimonio

Con nuestras maletas llenas de sueños y expectativas, pero también de incertidumbres, llegamos a la ciudad de Cali, Colombia en el año de 1983. Los dos provenientes de la capital del país Bogota donde nos conocimos y casamos pocos años antes.

Nuestra inexperiencia y falta de preparación para el ministerio saltaba a la vista, pero nuestro anhelo de que Dios hiciera algo nuevo con nosotros era superior a las dificultades que estábamos por afrontar, cuando llegamos la iglesia de Cali esta estaba a cargo del misionero norteamericano Jhon Amstrong, y los primeros meses en nuestra pequeña membresía se escuchaba un rumor: “Ahora además un misionero que no sabe hablar español tenemos a un costeño que habla muy rápido y no se le entiende nada“, ya que en Colombia las personas de la costa se caracterizan por su veloz manera de hablar.

La iglesia del Nazareno a través de la ofrenda de alabastro (una ofrenda que existe a nivel mundial en la iglesia del nazareno para la compra de terrenos), adquirió una propiedad en el sur de la ciudad de Cali, en un sector poco poblado y nada transitado, lejos de saber que 20 años después, esa propiedad quedaría ubicada sobre una de las avenidas más importantes y en uno de los sectores más exclusivos de la ciudad, comprobando así que los planes de Dios se venían cumpliendo aun cuando humanamente no los podíamos percibir.

En esa época la pequeña edificación que existía era la más insignificante de todo el sector y también era el blanco de burlas y ofensas en contra de la iglesia cristiana, ya que la sociedad caleña en su gran mayoría era católica y miraban con desprecio a los que llamaban “pobres evangélicos ”.

Aunque teníamos el corazón dispuesto para servir al Señor, nuestro ministerio experimento oposición y estancamiento por muchos años. Pero gracias a Dios que las pruebas nos llevaron a buscar un tiempo semanal de ayuno y oración, donde buscábamos la presencia del señor intensamente;era los miércoles de 8 a.m. a 12 p.m., y participábamos 5 personas (Nosotros como pastores y tres hermanas más), fue tanto lo que oramos y ayunamos que al año siguiente ya no éramos 5 sino 3 personas, por que lo normal para algunos es que cuando se ora y ayuna, y no ven resultados inmediatos, es desanimarse y renunciar. Pero había algo en nuestros corazones que nos decía que Dios iba a hacer cosas poderosas sino desmayábamos, así fue como perseveramos en la oración, y efectivamente Dios empezó a glorificarse en nuestra iglesia.

Una de las pruebas mas grandes que hemos afrontado como pastores es asistir a la asamblea distrital cada año, una reunión donde lo único que podíamos informar era que habíamos ganado un alma y habíamos perdido dos en todo el año, se constituía en una experiencia devastadora para nuestra labor pastoral, que la ejercíamos con mucho sacrificio durante todo el año, pasando por diversas pruebas ministeriales, económicas y familiares, y al terminar todo este gran esfuerzo, lo único que nos embargaba era la sensación de derrota, y el cuestionanamiento de si realmente habíamos sido llamados por Dios al pastorado.

Al ver que la única salida a las situaciones difíciles que nos rodeaban era avanzar, seguimos ayunando y orando todos los miércoles de 8 a.m. a 12 p.m., así lo hicimos por un par de años mas, entendiendo que nadie estaba interesado en ayudarnos y que nuestro socorro solo podía venir del Dios que hizo los cielos y la tierra.

Ahora para la gloria de Dios la historia es diferente, el lamento y las tristezas se convirtieron en gozo y alegría por que Dios ha sido FIEL. Hoy en día nuestra congregación cada año se multiplica mas y mas. Los tiempos de oración se intensificaron en tres poderosas reuniones los días miércoles, tenemos cinco hermosos servicios dominicales, una reunión de jóvenes los días sábados etc. (Ver todas las actividades semanales de la iglesia)

Como conclusión quisiéramos expresarles cuan agradecidos estamos con el Señor por su fidelidad en este tiempo, por cada persona valiosa que hace parte de nuestra membresía y todos nuestros hermanos y amigos que a diario nos visitan.

Estamos para servirles en el amor del señor Jesús.
Pastores
Adalberto Herrera y Nineye Díaz de Herrera